Nuestra historia

Foro experimental, espacio de vanguardia artística y escenario de puestas en escena memorables, el teatro La Capilla cuenta –a 62 años de su primera función– con una sólida historia dentro de las artes escénicas de nuestro país.

A finales de la década de los 40, Salvador Novo compró un terreno de mil metros en la calle de Madrid en las orillas de Coyoacán, cuando todavía esta zona de la creciente ciudad no estaba completamente urbanizada. El terreno que adquirió el intelectual y funcionario era parte de lo que había sido una hacienda y la porción que obtuvo conservaba una pequeña, desmantela y sucia capilla.

Desde el primer momento, Novo concibió ese espacio para convertirlo en un pequeño foro teatral y pidió la ayuda de Alejandro Prieto –arquitecto encargado del diseño del Teatro Insurgentes, Teatro Xola y del Teatro del IMSS de Querétaro, entre otros– para crear un proyecto de adaptación del oratorio como espacio escénico y también la construcción de unos departamentos para renta dentro del predio.

El escritor, dramaturgo y cronista fue apoyado por el destacado escenógrafo Antonio López Mancera para la creación de la atmósfera escénica, y de quien Novo afirmó para la revista Teatro (1954): “este muchacho, este artista, este trabajador, realiza milagros escenográficos en un escenario cuya pequeñez hace olvidar”.  Después de unos años, los problemas económicos hicieron incosteable al foro teatral y su creador tuvo que cerrarlo. En los últimos años de vida de Novo, el predio fue abandonado y poco a poco se derruyó.

A la muerte de Salvador Novo –el 13 de enero de 1974–, el teatro fue heredado al médico Salvador López Atuñano, quien encabezó el Hospital Juárez por más de 40 años. Sin embargo, la historia de La Capilla y de su segunda vida surge con el interés de una directora escénica que nació en las calles de Madrid y Aldama, a unos pasos del teatro. Esa artista era Jesusa Rodríguez, que habló con López Atuñano y llegaron a un acuerdo para volver a utilizar ese espacio para la actividad teatral. Jesusa llegó al predio de Madrid 13 lista para darle nueva vida. Ella encontró en ruinas ese espacio y dedicó todos sus esfuerzos para volverlo a levantar. Así, en 1980 reabrió sus puertas con la obra ¿Cómo va la noche Macbeth?, y después en 1983 y 1984 presentó 13 señoritas y Donna Giovanni, respectivamente.

En 2000, el director francés llegó de Xalapa a la Ciudad de México y tuvo reuniones con Jesusa y con López Atuñano para presentar una temporada de la obra Los endebles, o la repetición de un drama romántico, de Michel Marc Bouchard. Después de una exitosa temporada, le fue confiado el teatro a Schoemann, quien unió a un grupo de creativos dedicados a la puesta en escena de textos contemporáneos, en particular franceses, canadienses y mexicanos y juntos decidieron crear la compañía teatral Los Endebles.

En 2002, La Capilla obtuvo el premio al mejor foro independiente otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. Además, la agrupación creó al lado de Ximena Escalante el Laboratorio de Dramaturgia en Escena, con el objetivo de desarrollar nuevas propuestas dramatúrgicas. Posteriormente llevaron a cabo, en colaboración con el Centro Cultural Helénico, la Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea y en 2008 recuperaron un proyecto literario de Novo, que consiste en fomentar la edición y difusión de libros de teatro y presentaron Los textos de La Capilla. Segunda época.

Actualmente el proyecto Los Endebles–La Capilla es apoyado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Asociación Francesa de Acción Artística, las Embajadas de Francia y Canadá y por la Delegación General de Québec en México.

El teatro ubicado en Madrid 13 ha abierto sus puertas a otras compañías para que presenten sus trabajos escénicos y ha generado una sólida propuesta semanal de espectáculos para todo tipo de público.

Acercándose a sus 60 años de vida, La Capilla es un foro que sigue vigente en la cartelera nacional, sus montajes continúan explorando la vanguardia artística y se mantiene el espíritu de su fundador entre los pasillos.

Como decía Novo: “El Teatro de la Capilla puede ser ahora, y mañana, muchas cosas: una contribución modesta al auge del teatro en México; un lugar elegante de reunión; un laboratorio experimental; un buen teatro que no merece la atención de ciertos críticos. Para mí, para mi carrera de escritor y de hombre en el deber de dar a su país lo mejor que tiene, es un sueño cumplido”.

El 22 de enero de 1953, el Teatro de la Capilla  abrió sus puertas con la obra El presidente hereda, de Cesare Guiolio Viola, que tuvo una temporada de 142 funciones, rebasando las predicciones de Novo, quien vaticinaba de 10 a 12 representaciones. Después se llevó a escena la obra Lázaro, de Obey, que tuvo 70 funciones y superó a la puesta que realizó en París Jean-Louis Barrault, la cual estuvo únicamente una semana en cartelera.

El Teatro de la Capilla presentó en esos años las obras Helena, de André Roussin; Los días felices, de Claude Puget; Paseo con el Diablo, de Guido Cantini; Mamá nos obedece, adaptación de la pieza Juego de niños, de Víctor Ruiz Iriarte, además de 13 a la mesa, de Marc Glibert Sauvajon. En este nuevo espacio fueron representadas varias obras de autores contemporáneos como Eugéne Ionesco, Jean Cocteau, Eugene O’Neill, Tennessee Williams y Samuel Beckett, de quien Novo dirigió por primera vez en nuestro país el clásico Esperando a Godot.

En los 90 se presentó un proyecto de modernización del foro para someterlo a una remodelación y adecuarlo a nuevas exigencias escénico-técnicas, pero siempre conservando la arquitectura de los años 50. Mientras, como proyecto alterno, el 3 de noviembre de 1990 se abrió en la misma propiedad el bar El Hábito, espacio donde se exploraron las variantes y libertades creativas que daba el cabaret para expresar de una manera irreverente la realidad nacional. En esos años los dos espacios tenían objetivos específicos: en La Capilla se presentaban todo tipo de teatro, ópera, miniópera y teatro  experimental, mientras El Hábito era un laboratorio encaminado a la sátira política, abriendo un abanico de posibilidades para muy diversos espectadores.

En El Hábito, Enrique Alonso Cachirulo entretuvo a todos los que alguna vez fueron niños y lo vieron a través de la pantalla, con un espectáculo en el que se mofaba de él mismo y también Chavela Vargas regresó a los escenarios después de 13 años de silencio musical.

La Capilla es la actual sede de la compañía escénica Los Endebles, dirigida por Boris Schoemann e integrada por los actores Hugo Arrevillaga, Alejandro Morales, Mahalat Sánchez, Mauricio Isaac y Georgina Ságar.

Manuel Valdivia, coordinador editorial de la agrupación escénica, apuntó: “La Capilla busca seguir la línea trazada por su fundador y prevalece como uno de los espacios teatrales independientes más importantes de la República mexicana”.

Durante estos nueve años, la compañía ha presentado montajes como Los endebles, o la repetición de un drama romántico, El camino de los pasos peligrosos y La historia de la oca, de Michel Marc Bouchard; Moliére por ella misma, de Françoise Thyrion; El canto del dime-dime y El puente de piedras y la piel de las imágenes, de Daniel Danís; El regreso al desierto, de Bernard Marie Koltès; El ventrílocuo y Telenovela de Larry Tremblay y Alphonse, de Wajdi Mouawad, entre otras.

Para el 2009, llevarán a escena varias obras nuevas: Bashir Lazar, de Evelyne de la Chenelière, y Un campo, de Louis Bombardier, además de sus Antinavideños.